Era el partido. Néstor Ferraresi había expresado toda su bronca por el bajo rendimiento del equipo en la última fecha frente a Los Andes. Por eso, los jugadores entendieron el mensaje y se tomaron este clásico como una verdadera final.
Cole siempre tuvo la idea de pararse en terreno rival para tratar de imponer su ritmo de juego. Por momentos, lo consiguió. En una de las primeras acciones, Rodrigo Astudillo intentó desbordar por la banda izquierda, pero Ricardo Villalba metió la mano para alejar el peligro. Sí, mano. Era penal, pero Germán Delfino -de pésimo arbitraje- prefirió hacer la vista gorda.
En Defe, Jonathan Páez era el que manejaba los hilos de su equipo y distribuía el juego hacia sus compañeros. Del lado de enfrente, el Tricolor trataba de tocar por abajo y hacer circular la pelota mediante la movilidad de sus mediocampistas.
Como una consecuencia inevitable, a los 19’, Colegiales elaboró la situación más clara para anotar. Diego Cisterna hilvanó una enorme jugada personal en el borde del área, pero se enredó. Allá estaba Sergio Luque para trabar con el alma y dejarle el balón servido a Rodrigo Astudillo. El Potro se acomodó para su mejor perfil y la cruzó, pero Raúl Sanzotti se estiró y la desvió al córner.
A esa altura, Cole era más que su rival. Elías Borrego estaba enchufado y sabía cuándo debía desprenderse de la bola. Los carrileros iban y venían. La defensa estaba firme. Por todas esas virtudes, el conjunto del Coqui Ferraresi era superior al de Salvador Daniele.
Poco después, el Dragón tuvo su primera aproximación a través de una pelota parada. Luego de un tiro de esquina, Leandro Martínez Montagnoli se elevó y metió un cabezazo, que obligó a una volada espectacular de Jonathan Zarza.
Con el correr de los minutos, el trámite del match se fue diluyendo. Defensores no sabía cómo complicar a la visita. Todo era pelotazo. Entonces, Colegiales respondió con un derechazo de Gastón Díaz, que picó antes, y Sanzotti se vio obligado a enviar al córner.
Además, no era la tarde de Delfino. ¿Por qué? Cisterna sacó a relucir toda su magia para desparramar defensores a puro talento y cuando metió el centro, la pelota rebotó en la mano de Pedro Bocca. ¿No era penal?
Para colmo, sin proponérselo, Defe se puso en ventaja. Luego de un centro frontal y muy llovido, el Paya$o Molina conectó de cabeza y venció a Zarza, que tardó en reaccionar ante una bola que no parecía complicada. Pedido de disculpas muy poco creíble por parte del delantero y euforia de los pocos hinchas que se habían acercado al Mundialista.
Pero, las mentiras tienen patas cortas. Enseguida, el Tricolor puso las cosas en su lugar. Cerca del cierre del primer tiempo, lo bajaron a Luis Zeballos en el borde del área. Lucas Díaz Canevaro la acomodó y sacó un zurdazo violento que se clavó bien abajo. 1 a 1 para ir al descanso con una mayor tranquilidad.
En la segunda mitad, el partido se hizo más aburrido. Los dos equipos intentaban, pero les faltaba profundidad. Lo más peligroso del Dragón estuvo en un tiro libre de Nicolás Tarabini que picó en el travesaño, mientras Zarza hacía gala de su buena vista. Después, un derechazo de Mauro Conocchiari, que el 1 Tricolor controló sin problemas.
Cole dependía mucho de las pinceladas del genio Cisterna. Cuando Diego la agarraba era imparable para los defensores locales. Si hasta los plateístas de Defe, mientras disfrutaban de su café de Starbuck’ s, preguntaban quién era el 8 de Colegiales.
Cisterna empezó a frotar más la lámpara y habilitó a Astudillo. El Potro la calzó de aire, pero su remate se fue desviado. Igual, fue un buen intento del Tricolor, que comenzaba a transformarse en el protagonista del encuentro.
Cuando promediaba la segunda etapa, el partido se empezó a abrir. Lo tuvo el Dragón en un cabezazo de Ricardo Villalba, que Zeballos salvó sobre la línea. Pero Cole empezaba a encontrar más espacios para golpear al local.
De esa jugada nació una contra que comandó Cisterna. Diego la puso larga para la entrada de Díaz, que la alcanzó a puntear, pero Sanzotti la tapó. El rebote le cayó al propio Gula, que se echó un poco hacia atrás, metió un centro que Cisterna cabeceó y mandó al fondo del arco. Era gol, pero Delfino decidió cobrar una dudosa posición adelantada. De no creer.
Defe sólo respondía con disparos lejanos. Un zurdazo de Leonardo Luppino que pasó cerca del palo y un tiro libre de Villalba, que Zarza controló sin problemas. A esa altura, Colegiales era el dueño del partido y quería ganarlo. Astudillo se había tirado unos metros atrás y ahí mejoró su nivel y el del equipo, porque el Potro participaba del circuito creativo.
Se acercaba el final y era inmerecido traerse un empate de una cancha que estaba helada. Pero Cole tenía algo más. Cole siempre tiene algo más. El Checho Luque se mandó una corajeada por la banda derecha y mandó la bocha al área. Los centrales no la pudieron despejar y ahí estaba Paco Buzzi para mandarla al guardar. Gol y silencio en Núñez.
Los jugadores de Colegiales demostraron de qué están hechos. El equipo mostró carácter, personalidad y buen juego. Y, como si fuera poco, sienten la camiseta. Prueba de eso es el festejo que desataron en el final del partido. Los jugadores y el cuerpo técnico nos regalaron un triunfo enorme frente a un clásico rival y se trajeron tres puntos gigantes para Munro. De pie, señores. Una lástima, Defe. Otra vez será. Esta vez, te quedaste con las ganas.
Imagen: LPC |